
Escrito por Nicolás Ibañez
Estamos en el medio de una campaña presidencial. Han comenzado los dimes y diretes de los candidatos de todos los campos políticos. Además, en estos últimos meses se le ha agregado un toque importante de picardía y renovación a una campaña excesivamente tradicional y falta de ideas. La irrupción de Sebastián Piñera nos ha dejado a todos con ansias y la situación política se salió de lo establecido, adquiriendo un vigor renovador tanto para los candidatos ya establecidos (Joaquín Lavín y Michelle Bachellet) como para los ciudadanos. La última encuesta CEP lo demuestra…
Debemos ser cuidadosos al pensar en qué tanto se ha hecho en el último período presidencial. Corremos el riesgo de pensar que estamos mejor que nunca. Chile está finalmente creciendo a tasas que le corresponden, las cifras de desempleo no han seguido creciendo, los logros en las relaciones internacionales nos tienen posicionados como un país pujante, un oasis dentro de la región. Se han realizado las más importantes obras viales de la historia. Esto es efectivo y muy positivo para el país, sin embargo, en ningún caso suficiente.
En general, muchas promesas no se han cumplido. Los índices de cesantía no se redujeron como se prometió, parece que el desempleo natural de Chile se está pareciendo al europeo; el nivel de educación se estancó a pesar de que el presupuesto se ha triplicado en el último gobierno; la situación de miles de chilenos aún en colas para ser atendidos en hospitales públicos sigue siendo inaceptable y además le agregamos el tema de la inseguridad social reinante en nuestras ciudades.
La gente no está bien. La gente no está contenta. Si bien tenemos excelentes indicadores macroeconómicos, nuestra micro sigue estancada. El crecimiento del año pasado y de este año en general es bastante coyuntural: tenemos un precio del cobre histórico gracias al fuerte empuje de Asia, lo que le ha dado un renovado vigor y esperanza a la economía y sus sectores productivos. Sin embargo, el crecimiento no viene desde adentro, no es un crecimiento orgánico. No hemos desarrollado nuevas y mejores empresas pues la inversión como porcentaje del producto sigue estancada (23%), no hemos desarrollado productos innovadores, seguimos exportando esencialmente las mismas materias primas con valor agregado aún insuficiente… Y además las grandes empresas se han visto enormemente cuestionadas, hoy son objeto de críticas por concentración y por explotación de proveedores, así como flancos de regulaciones laborales y de superintendencias.
¿No estaremos enviando la señal incorrecta hacia los potenciales jóvenes emprendedores?
¿No estaremos hablando mucho sobre un Estado proveedor de derechos para las personas, en vez de pensar en actuar según nuestras capacidades y motivaciones y asumir crecientes grados de responsabilidad?
Chile no podrá superar la pobreza, ni erradicar los campamentos, ni darle reales oportunidades laborales a los miles de desempleados, si no está plenamente insertado en el mundo global, con grandes empresas chilenas que actúen en el exterior, traigan sus dividendos al país y creen la necesidad por una numerosa gama productos y servicios de parte de las Pymes.
El grave problema de la desigualdad no se resolverá mediante más regulaciones, leyes, ni fiscalización estatal. Se puede lograr confiando en la capacidad individual de las personas, creando el espacio y las condiciones para dar más empleo, para asegurar empleabilidad por sobre estabilidad…una sociedad y ambiente laboral – empresarial más flexible, tolerante, respetuoso y liberal.
Creo que la presión social hacia un ambiente laboral, empresarial y medioambiental sustentables y con proyecciones hacia el futuro, es muy positiva. El rol de las personas individuales es vital para impulsar cambios, cambiar paradigmas y permitir que el crecimiento económico se traduzca en desarrollo efectivo. Son los demandantes del mercado quienes exigen se cumplan las prácticas aceptables, niveles éticos aceptables y una sociedad del respeto. Vamos avanzando en esa vía lo que habla muy bien de la sociedad chilena. El mercado se auto regula.
En cambio, regulaciones excesivas de parte del Estado son las que van en contra del desarrollo. ¡El problema más grave está dentro del Estado! Es ahí donde se dan concentraciones en extremo negativas para el desarrollo. Es inaceptable que tengamos poderes sindicales de Arica a Punta Arenas en salud y educación. ¿Cómo se podrán llevar a cabo reformas liberalizadoras si corremos el riesgo de una virtual paralización en el país en estos temas clave? ¿Cómo podrán actuar los mercados dentro de este entorno burocrático, estático y regulado?
Es aún más imperativo exigirle al Estado transparencia tal como se le exige al sector privado. Municipalidades auditadas, Codelco entregando Fecus trimestrales, organismos medioambientales y superintendencias independientes del gobierno de turno. Estas son algunas de las reformas necesarias para desconcentrar el poder y dar más libertad de acción a las personas.
El hecho que estemos cuestionando estos temas profundos respecto del funcionamiento de nuestras instituciones, su transparencia, las influencias políticas y el efecto en el sector privado en particular en los emprendedores, es muy positivo para el país. Veamos el lado positivo a las actuales críticas, sin embargo, debemos ser consecuentes y cuidar no caer en desconocer los principios económicos y sociales básicos sobre los cuales hemos fundado los pilares del desarrollo durante los últimos treinta años.
En definitiva, lo que ha estado ocurriendo a pesar de estar en un período de elecciones, nos engrandece como nación pues nos llama a reconocer y querer actuar con profesionalismo las debilidades de nuestra sociedad, reconociendo los actuales logros, pero mirando hacia un futuro donde estemos todos integrados, de cara al mundo global y con reales posibilidades de crecimiento y desarrollo, sin excluir a nadie que tenga aspiraciones y motivaciones de contribuir a forjar un mejor entorno y en definitiva, un mejor Chile.
Nicolás Ibáñez
28 Noviembre 2005
Jóvenes Líderes 












