Entre y ironías y verdadesEl máximo dirigente de Jóvenes Líderes tuvo la oportunidad de asistir a Washington a la última conferencia del Council of the Americas. Estas son sus impresiones.
¿Dónde quedó el consenso en América Latina? Fue la primera pregunta que se me vino a la cabeza al volver de la 37° Conferencia de Washington del Council of the Americas, institución fundada por David Rockefeller. Pese a que el título del encuentro era Building the Americas Consensus (Construyendo Consenso en las Américas), curiosamente no hubo expositor que no planteara alguna crítica sobre la forma en que se está gobernando en algunos países de América latina. Todos creían tener la receta perfecta.
Más allá de la desconfianza, el encuentro estuvo extraordinario. Líderes empresariales y políticos intercambiando opiniones, analizando en conjunto cómo se puede fortalecer la democracia en América Latina y la búsqueda de un mayor entendimiento comercial entre esa parte del continente y Estados Unidos. Para mí, que fui convidado por el único invitado chileno, Agustín Edwards Eastman, fue un verdadero cóctel de emociones e ideas.
La sensación es que no quedaron temas pendientes. Luego de las palabras de apertura de William Rhodes, presidente de Citibank y cabeza máxima de la entidad organizadora, vino Thomas Shannon, asistente especial del presidente Bush y director para Asuntos del Hemisferio Occidental, quien planteó la urgencia de que Estados Unidos apruebe los TLC pendientes con Colombia, Perú y Panamá. También se refirió al desaire que Al Gore le hizo al presidente de Colombia, Alvaro Uribe, en el Foro de la revista Poder en Miami. Con voz fuerte dijo que su gobierno no le cerraba las puertas a nadie y menos a un presidente que está trabajando por terminar con el terrorismo, el narcotráfico y que ha sido uno de los grandes aliados de la región.
Luego, vino el turno del secretario de Comercio de los Estados Unidos, Carlos Gutiérrez, quien dejó en claro la posición de su país frente al embargo económico a Cuba. Señaló que la pregunta no era cuándo Estados Unidos iba a cambiar la política hacia Cuba, sino cuándo Cuba iba a cambiar su política hacia los Estados Unidos. Dijo que era el gobierno cubano el que no respetaba las libertades individuales y económicas de su pueblo y que era cuestión de tiempo que cayera el gobierno de Castro... Sus palabras no fueron menos duras respecto a la izquierda populista latinoamericana. Dijo que con mensajes de justicia social han engañado a la gente todos estos años y que sus políticas están condenadas al fracaso. Según él, la verdadera justicia social está en darles a las personas oportunidades reales que les permitan salir de la pobreza, mejorar la calidad en sus viviendas y cerrar las brechas educacionales.
Luego ingresó el presidente Uribe. Acababa de reunirse en la Casa Blanca con el Presidente Bush. Con un inglés bastante latino, Uribe marcó el momento más alto del día, al señalar que su gobierno y el pueblo colombiano no harán nunca una alianza con ningún grupo terrorista ni menos con los paramilitares, aunque esto implique tomar el camino complicado. Continuó diciendo que el 6.8% de crecimiento responde a un trabajo serio de largo plazo de su gobierno ha realizado por respetar el Estado de derecho y la libertad individual.
En el intermedio, tuve la oportunidad de conversar con un diplomático que jugó un rol importante en las negociaciones para liberar al general Pinochet en Londres. En tono irónico me dijo que lo mismo que había dicho Uribe se lo tenía que decir a los demócratas, a ver si lo aplaudían de la misma manera, aludiendo a que el TLC colombiano tiene para rato, dada la nueva mayoría en el Congreso.
Más tarde volvimos al salón generla. Esta vez fueron John Negroponte y Rodrigo Rato, director ejecutivo del FMI, quienes destacaron entre los expositores. Finalmente todo terminó con José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, quien fue condecorado por el Council of the Americas con el premio Liderazgo en las Américas.
Maximiliano Raide Prunes
¿Dónde quedó el consenso en América Latina? Fue la primera pregunta que se me vino a la cabeza al volver de la 37° Conferencia de Washington del Council of the Americas, institución fundada por David Rockefeller. Pese a que el título del encuentro era Building the Americas Consensus (Construyendo Consenso en las Américas), curiosamente no hubo expositor que no planteara alguna crítica sobre la forma en que se está gobernando en algunos países de América latina. Todos creían tener la receta perfecta.
Más allá de la desconfianza, el encuentro estuvo extraordinario. Líderes empresariales y políticos intercambiando opiniones, analizando en conjunto cómo se puede fortalecer la democracia en América Latina y la búsqueda de un mayor entendimiento comercial entre esa parte del continente y Estados Unidos. Para mí, que fui convidado por el único invitado chileno, Agustín Edwards Eastman, fue un verdadero cóctel de emociones e ideas.
La sensación es que no quedaron temas pendientes. Luego de las palabras de apertura de William Rhodes, presidente de Citibank y cabeza máxima de la entidad organizadora, vino Thomas Shannon, asistente especial del presidente Bush y director para Asuntos del Hemisferio Occidental, quien planteó la urgencia de que Estados Unidos apruebe los TLC pendientes con Colombia, Perú y Panamá. También se refirió al desaire que Al Gore le hizo al presidente de Colombia, Alvaro Uribe, en el Foro de la revista Poder en Miami. Con voz fuerte dijo que su gobierno no le cerraba las puertas a nadie y menos a un presidente que está trabajando por terminar con el terrorismo, el narcotráfico y que ha sido uno de los grandes aliados de la región.
Luego, vino el turno del secretario de Comercio de los Estados Unidos, Carlos Gutiérrez, quien dejó en claro la posición de su país frente al embargo económico a Cuba. Señaló que la pregunta no era cuándo Estados Unidos iba a cambiar la política hacia Cuba, sino cuándo Cuba iba a cambiar su política hacia los Estados Unidos. Dijo que era el gobierno cubano el que no respetaba las libertades individuales y económicas de su pueblo y que era cuestión de tiempo que cayera el gobierno de Castro... Sus palabras no fueron menos duras respecto a la izquierda populista latinoamericana. Dijo que con mensajes de justicia social han engañado a la gente todos estos años y que sus políticas están condenadas al fracaso. Según él, la verdadera justicia social está en darles a las personas oportunidades reales que les permitan salir de la pobreza, mejorar la calidad en sus viviendas y cerrar las brechas educacionales.
Luego ingresó el presidente Uribe. Acababa de reunirse en la Casa Blanca con el Presidente Bush. Con un inglés bastante latino, Uribe marcó el momento más alto del día, al señalar que su gobierno y el pueblo colombiano no harán nunca una alianza con ningún grupo terrorista ni menos con los paramilitares, aunque esto implique tomar el camino complicado. Continuó diciendo que el 6.8% de crecimiento responde a un trabajo serio de largo plazo de su gobierno ha realizado por respetar el Estado de derecho y la libertad individual.
En el intermedio, tuve la oportunidad de conversar con un diplomático que jugó un rol importante en las negociaciones para liberar al general Pinochet en Londres. En tono irónico me dijo que lo mismo que había dicho Uribe se lo tenía que decir a los demócratas, a ver si lo aplaudían de la misma manera, aludiendo a que el TLC colombiano tiene para rato, dada la nueva mayoría en el Congreso.
Más tarde volvimos al salón generla. Esta vez fueron John Negroponte y Rodrigo Rato, director ejecutivo del FMI, quienes destacaron entre los expositores. Finalmente todo terminó con José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, quien fue condecorado por el Council of the Americas con el premio Liderazgo en las Américas.
Maximiliano Raide Prunes
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